Alimentación infantil: 6 - 12 meses
Entre los seis y los doce meses de vida, es el momento de la diversificación alimenticia. Nuevos alimentos son introducidos en la dieta del bebé. Esta fase sirve para introducir nuevos gustos, pero también para probar la tolerancia del tubo digestivo. Es un período de descubrimiento de nuevos sabores, en el que debemos aprovechar para iniciar en el bebé hábitos alimenticios saludables.
Alimentación láctea
La alimentación del bebé durante el primer año de vida es, principalmente, láctea. Las preparaciones para niños de pecho o la leche materna permiten cubrir la totalidad de sus necesidades nutritivas durante los 6 primeros meses de vida. Las leches de crecimiento están preparadas para la diversificación. Éstas contienen, particularmente, los ácidos grasos esenciales, el calcio y el hierro que pueden faltarle al niño de pecho. Además, casi la totalidad del agua que necesita el pequeño a esa edad también la aporta la leche. Como vemos, la leche es un alimento importantísimo para el bebé a lo largo del primer año de vida.
Diversificación alimenticia
La diversificación es el período de introducción progresiva de otros alimentos (además de la leche) en la alimentación del niño. La diversificación no debe comenzar demasiado temprano. La recomendación es que ésta comience a partir de los 6 meses cumplidos.
La diversificación acompaña el desarrollo de las funciones digestivas y de la masticación. Las capacidades digestivas están todavía limitadas, mientras que el reflejo de masticación y de preparación para los alimentos sólidos, no se adquieren hasta los 8-9 meses de vida, aproximadamente. Es importante respetar este ritmo.
Los primeros meses de la vida de bebé se caracterizan por una alimentación láctea hasta la edad de 4 meses. Los primeros alimentos introducidos en la dieta del bebé son las frutas y las verduras, seguidos de la carne y sus equivalentes (pescado, huevos,...) en muy pequeñas cantidades, los feculentos, las grasas, etc.

Azúcar y sal
El consumo de nuevos alimentos aumenta significativamente la cantidad de sal absorbida por el niño. Los pequeños riñones del bebé deben adaptarse a ello, ya que éstos todavía no funcionan de una forma óptima. Durante el primer año de la vida, es inútil añadir sal a su alimentación.
Es igualmente inútil añadir azúcar en su dieta. El azúcar está formado sólo por sacarosa, componente alimenticio que el niño no necesita. Sus necesidades de glúcidos simples están totalmente cubiertas por la leche y otros alimentos que le van siendo introducidos poco a poco. Idealmente, el azúcar debería ser introducido en la alimentación del niño sólo a partir de un año de edad. Para su salud adulta, es conveniente evitar acostumbrar al pequeño a los gustos azucarados y salados.
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