Alimentación y embarazo
Durante el embarazo, la alimentación es primordial: las necesidades nutritivas han aumentado y es indispensable evitar las carencias. En el siguiente artículo de ofrecemos las claves para mantener una correcta alimentación y ayudar a tu bebé a formarse bien. La elección de los alimentos durante el embarazo es esencial. Las necesidades de la madre son variadas, tanto para un buen desarrollo del embarazo como para un desarrollo sin problemas del bebé. El lema que debe acompañarte durante el embarazo es: "no debo comer por dos, sino comer dos veces mejor".
Ciertos hábitos saludables
El primer hábito agradable al que debes acostumbrarte es al de adoptar un ritmo alimenticio regular: lo ideal es hacer cada día tres comidas iguales sobre el plano energético, más dos tentempiés ligeros. Es igualmente importante respetar siempre el equilibrio alimenticio insistiendo en las aportaciones de glúcidos, hierro y calcio. Toma regularmente los suplementos nutricionales que te hayan sido prescritos (vitamina D, hierro, etc.), pero nunca tomes ningún suplemento añadido por ti sin consultarlo con el médico. Durante el embarazo el control debe ser total.
La energía es importante
El "coste energético" de un embarazo corresponde a un suplemento de 150 Kcal al día durante el primer trimestre y de 350 Kcal en el segundo y tercer trimestre. Por supuesto, esto dependerá en última instancia de tu corpulencia, de tu nivel de actividad durante el embarazo y de otros factores individuales. Cuidado: si tu ración energética es inferior a 1500 Kcal al día durante la segunda mitad del embarazo, puede haber riesgos y problemas en el crecimiento del feto. Consulta tu "necesidad energética" con tu médico.
Proteínas
El aporte aconsejado de proteínas es de alrededor de 70 g al día en las mujeres embarazadas. Durante el embarazo, las necesidades proteicas han aumentado. Y es que la mayoría de las proteínas de la alimentación de la embarazada se destinan a la síntesis de nuevos tejidos tanto de la madre, como del feto.
Para conseguir que esta ingesta proteica sea equilibrada, es necesario que las proteínas ingeridas en el embarazo sean de origen vegetal (legumbres y cereales) y animal (carne, pescado, leche y huevos).
Lípidos
Los lípidos son muy importantes: éstos contribuyen a los aportes energéticos. Hay que velar por su contenido de ácidos grasos esenciales, indispensables para el recién nacido de manera general, y para el buen desarrollo de los tejidos nerviosos en particular. También tienen un papel estructural muy importante en el embarazo ya que intervienen en la formación del cerebro.
Calcio
Las necesidades de calcio son de alrededor de 1000 mg al día. Además de la mineralización ósea en el bebé, el consumo de calcio protege a la mujer embarazada del riesgo de hipertensión arterial y las graves complicaciones asociadas. Además, el calcio del que se nutre la embarazada, nutre a su vez la leche maternal de calcio para el bebé. Otra función del calcio es prevenir el riesgo de depresión postparto.
Vitaminas indispensables
Las necesidades vitamínicas aumentan durante el embarazo. Las necesidades en vitaminas A, B y C se cubren fácilmente mediante una alimentación suficientemente diversificada. En cambio, cubrir las necesidades de ácido fólico (vitamina B9) plantea un problema, ya que muchas mujeres muestran una baja tasa desde el principio del embarazo.
La carencia de ácido fólico aumenta el riesgo de embarazo prematuro y de retraso de crecimiento fetal. Además, puede arrastrar malformaciones graves afectando al sistema nervioso. Es aconsejable pues aumentar las aportaciones alimenticias de ácido fólico y tomar complementos alimenticios desde el inicio del embarazo (por lo menos dos meses antes de la concepción) y durante todo el primer trimestre.
Hierro
Las necesidades de hierro aumentan durante el embarazo, sobre todo en el transcurso de los 6 últimos meses, y piden aportes de 30 a 50 mg al día mínimo. Las necesidades de hierro en el momento del embarazo son tan elevadas que generalmente es necesario tomar un suplemento (nunca tomarlo sin que lo prescriba el médico). La anemia ferripriva, consecuencia de la carencia de hierro, aumenta los riesgos de embarazo prematuro y de hipotrofia fetal.
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